Diego Velázquez es, según nuestro jefe, el mejor artista de la historia. Todo es debatible pero, para él, Diego Velázquez es mejor como pintor que Robert de Niro es como actor. Y eso que su película favorita es El Pradrino II (en fin, hombres….). Una visita al Prado puede ser apabullante, así que en este post te ofrecemos tres claves para que saques lo mejor sin sobrecargarte.
1. Conoce el contexto de Diego Velázquez
Ver la obra de un artista sin saber de su contexto puede llevar a malinterpretaciones de cualquier tipo, así que nos conviene, ante todo, saber qué es lo que hace que el artista pinte así. Diego Velázquez nace en Sevilla en el año 1599. Esto es clave: Sevilla en esa época era la capital económica del mundo, así que las posibilidades eran… ¡Todas! Además, para ese entonces se estaba «decorando» la Catedral. Quedaban por hacer algunas cosas, pero podemos decir que el grueso ya estaba.
Una vez llega a Palacio, su trabajo no es estrictamente pintar, sino que es más bien el «Director del Museo» de Palacio. La concepción del Museo no existía, pero ya se encargaba él de hacer las labores. Así, hablamos de Diego Velázquez como un pintor enorme, sin embargo, habría que decir también que aquí en España hemos tenido tres alumnos avanzados en Historia del Arte: Velázquez, Goya y Picasso. Los dos primeros, además, tenían acceso privilegiado a las grandes pinturas de la historia. No todos tuvieron esa suerte.
La explosión del Barroco y el Concilio de Trento
Lutero tradujo la Biblia, de manera que el acceso era mucho más directo. Así, la zona católica de Europa reacciona con la puesta en marcha de uno de los grandes aparatos propagandísticos de todos los tiempos: el arte. La expresión «aparato propagandístico» es casi grosera, pero me parece que se entiende. El arte se vuelve «espectacular», «teatral», las Iglesias nos hacen enmudecer, los cuadros están llenos de pasión… El Barroco triunfa.
2. Conoce sus etapas
Podemos grosso modo ver tres etapas:
- Etapa sevillana y de juventud: es un gran pintor, pero no es el mejor. Quizás la obra maestra de este tiempo es El triunfo de Baco, casi un homenaje a Caravaggio en el que, si nos fijamos, veremos que el propio Baco tiene un hombro regular. Naturalmente, el cuadro está lleno de virtudes. Aquí nuestra favorita: normalmente, cuando lleguemos a este cuadro será la primera vez que veamos dientes en el Museo del Prado. Al fin y al cabo, todo el mundo quiere salir bien en «la foto», pero la odontología es una ciencia muy moderna. Así que, mejor sin sonreír. Velázquez, en un alarde de naturalismo, pinta a una de las figuras centrales sonriendo.
- Después de su primer viaje a Italia. No está probado científicamente, pero se puede ver la influencia de Rubens en El triunfo de Baco. Así, algunos historiadores afirman que pudiera ser Rubens quien aconsejara a Velázquez que fuera a darse un «garbeo» por Italia. Diego Velázquez zarpó en 1629, su misión era comprar obras de arte para la Colección Real. Vaya si lo hizo, ahí están los cuadros de Rafael, por ejemplo. Además, aprenció de gente como Bernini o Borromini. Al volver, pintó La fragua de Vulcano y La manta de José. Hay un clarísimo antes y un clarísimo después.
- Después de su segundo viaje a Italia. El tipo no quería volver y era por algo. Por tener, tuvo hasta un hijo ilegítimo. Por suerte volvió y pintó Las meninas y Las hilanderas. Ahí es nada.
Fíjate bien la pincelada
Hay un antes y un después en la pintura occidental: cuando Carlos V encarga a Tiziano su retrato. A partir de aquí, lo que conocíamos como «dibujo» se transforma. Haz la prueba: pégate cuanto más mejor a un cuadro: si lo ves mejor, es dibujo. Si parece que tuvieses miopía, entonces es «pintura».
Esto es importantísimo: la base de Diego Velázquez está aquí. Dicho lo cual, te animamos fervientemente a que vayas fijándote en cómo su pincelada se va haciendo cada vez más y más fluida. ¡Cuando llegues a Las hilanderas, verás que es casi impresionista!
3. Conoce a sus amigos
No se lo digáis a nuestro jefe, pero Diego Velázquez no hubiese sido Diego Velázquez sin sus amigos. Para empezar, su señor suegro: ¿Te acuerdas que antes decíamos que la Catedral de Sevilla se estaba decorando? Pues el que estaba a cargo de esto era Francisco Pacheco, quien primero fuera maestro de Velázquez y después… ¡Su suegro! Esto hizo que se le abriesen de par en par las puertas de Palacio.
Una vez en Palacio, se hace amigo de un tal Felipe… Que fuera el Príncipe heredero de España es una cosa que no tiene nada que ver. Además, se llevaba muy bien con el Conde Duque de Olivares y, en resumidas cuentas, con todo aquel con el que había de llevarse bien. Imagínense, cuando estuvo en Roma se alojó en la Villa Médici. ¡Nada más y nada menos!
Además, hay gente como Rubens, Bernini o Borromini, la lista es interminable.
¿Quieres saber más sobre Diego Velázquez?
Lo único que tienes que hacer es reservar uno de nuestros tours en el Museo del Prado. Puedes hacerlo pinchando aquí. Estas son nuestras claves:
- Los grupos son de 7 personas como mucho (aunque si quieres venir con más gente, te haremos un tour privado).
- La entrada está incluída.
- Tenemos tours en inglés, en español, francés e italiano. Cada uno con sus horarios, ¡ojo con eso! (si necesitas ayuda, contáctanos).
- Si quieres hacer la visita de dos horas, tienes esa opción. Si quieres más tiempo, tendremos que hacer nuestras cuentas.
Una curiosidad, muchas veces nuestra clientela se confunde y va hacia la estatua de Diego Velázquez. Me temo que ese no es nuestro punto de encuentro. Nuestro punto de encuentro es la Estatua de Goya y siempre mandamos un mail el día antes con infografía para que no te pierdas. Recuerda: Estatua de Goya: ¡Te esperamos allí!


