Cubismo Sintético: 3 claves de un lujo pictórico

El Cubismo Sintético apareció hacia 1912 como una nueva etapa de una transformación artística que había comenzado pocos años antes. Picasso y Braque habían llevado la descomposición de las formas hasta extremos sorprendentes durante el cubismo analítico, pero aquel proceso abrió nuevas preguntas: ¿era necesario fragmentar tanto los objetos para romper con la representación tradicional? ¿Podía construirse una imagen utilizando menos elementos?

La respuesta cambió de nuevo las reglas del juego. Las formas se hicieron más sencillas y reconocibles, el color recuperó protagonismo y materiales procedentes de la vida cotidiana comenzaron a entrar físicamente en las obras mediante el collage. A las investigaciones de Picasso y Braque se sumaron artistas como Juan Gris y María Blanchard, que desarrollaron este nuevo lenguaje con soluciones propias.

Esta nueva fase no significó, por tanto, abandonar los principios del cubismo, sino explorar las posibilidades abiertas por su primera revolución. A través de tres claves y seis obras concretas veremos cómo aquellos artistas reconstruyeron los objetos, incorporaron la realidad al cuadro y devolvieron al color un papel fundamental.

Cubismo sintético en estado puro. Juan Gris, Museo Reina Sofía. TGYN
Cubismo en estado puro. Juan Gris, Museo Reina Sofía. TGYN

1. Simplificar para reconstruir la realidad

Después de varios años llevando la descomposición de las formas cada vez más lejos, los artistas cubistas comenzaron a recorrer el camino contrario. El cubismo analítico había fragmentado los objetos en numerosos planos y multiplicado los puntos de vista desde los que podían ser observados. Hacia 1912 empezó a imponerse otra posibilidad: reconstruir esos objetos mediante formas más amplias, sencillas y reconocibles.

Esta transformación ayuda a entender el término «sintético». Si anteriormente el artista analizaba visualmente el objeto para descomponerlo, ahora podía seleccionar algunos de sus rasgos fundamentales y construir con ellos una nueva imagen. Una curva podía sugerir una guitarra; unas pocas líneas, una mesa; un círculo, la boca de una copa. La pintura seguía rechazando la representación naturalista, pero ya no necesitaba llevar la fragmentación hasta hacer prácticamente irreconocible aquello que mostraba.

Juan Gris: Guitarra sobre la mesa

Un buen ejemplo puede encontrarse en Guitarra sobre la mesa, realizada por Juan Gris en 1913 y conservada en el Museo Reina Sofía. La guitarra, uno de los objetos recurrentes del lenguaje cubista, no aparece reproducida como la encontraríamos ante nuestros ojos. Gris selecciona algunos de sus elementos característicos y los integra en una estructura dominada por líneas, curvas y superficies geométricas.

Lo interesante es que el objeto continúa siendo reconocible. No necesitamos encontrar una guitarra perfectamente dibujada para comprender que está ahí: determinados signos visuales son suficientes para reconstruirla mentalmente. La obra convierte así al espectador en parte del proceso. Gris proporciona las piezas esenciales y nuestra mirada termina de relacionarlas.

María Blanchard: Mujer con guitarra

En Mujer con guitarra, de 1917, María Blanchard plantea un problema semejante con una figura humana. Mujer e instrumento se articulan mediante grandes planos geométricos que se superponen y relacionan entre sí, pero ambos motivos pueden identificarse. La geometrización no ha desaparecido; lo que cambia es la manera de utilizarla.

El ejemplo resulta especialmente interesante porque muestra que esta reconstrucción no estaba limitada a las naturalezas muertas. El cuerpo humano también podía reducirse a una selección de formas capaces de sugerir una figura sin recuperar el modelado, el volumen o la perspectiva de la pintura tradicional. Blanchard conserva así buena parte de la ruptura cubista mientras hace que la imagen resulte más legible.

Las obras de Gris y Blanchard muestran dos posibilidades de un mismo procedimiento. Ya no se trataba únicamente de partir de la realidad para descomponerla, sino de construir una imagen mediante los elementos necesarios para que el espectador pudiera reconocerla. La síntesis no deshacía la revolución anterior: proponía otra manera de continuarla.

mujer con guitarra maria blanchard reina sofia

2. El collage: cuando la realidad entra en el cuadro

La segunda gran transformación afectó incluso a los materiales con los que podía construirse una obra. Papeles impresos, periódicos, etiquetas o fragmentos procedentes de objetos cotidianos comenzaron a incorporarse directamente a las composiciones. El collage introducía así algo completamente nuevo: la realidad ya no tenía únicamente que ser representada, también podía entrar físicamente en el cuadro.

La diferencia resulta fundamental. Un artista podía pintar las letras de un periódico, imitar las vetas de una madera o reproducir la etiqueta de una botella. Ahora podía pegar un fragmento impreso directamente sobre el soporte y convertirlo en parte de la imagen. De este modo surgía un juego constante entre aquello que un material era realmente y aquello que representaba dentro de la composición.

Juan Gris: La botella de anís

La botella de anís, realizada por Juan Gris en 1914 y conservada en el Museo Reina Sofía, es un magnífico ejemplo. Gris combina óleo, grafito y collage e incorpora diferentes materiales impresos. Entre ellos encontramos la etiqueta de Anís del Mono, que permite identificar inmediatamente uno de los objetos representados.

La etiqueta cumple dos funciones simultáneas. Ante nuestros ojos continúa siendo un fragmento real de papel, producido fuera de la obra, pero dentro de la composición se transforma en una parte de la botella. Gris ya no necesita pintar minuciosamente aquello que quiere representar: puede introducir uno de sus signos más reconocibles y dejar que nuestra mirada reconstruya el resto.

María Blanchard: Composición cubista

También María Blanchard experimentó con estas posibilidades. En Composición cubista, realizada entre 1916 y 1919 y conservada igualmente en el Museo Reina Sofía, combina óleo y collage sobre lienzo. Los materiales incorporados no aparecen como elementos independientes o meramente decorativos, sino que participan en la construcción de las formas y en la organización de la superficie pictórica.

La obra muestra hasta qué punto el procedimiento podía integrarse dentro de un lenguaje personal. Blanchard utiliza los fragmentos añadidos junto a planos geométricos y zonas pintadas, de manera que resulta difícil establecer una frontera absoluta entre lo representado y aquello que pertenece materialmente al mundo exterior. El collage deja de ser una sorpresa añadida al cuadro para convertirse en uno de los recursos con los que este se construye.

Esta innovación tuvo consecuencias que fueron mucho más allá del cubismo sintético. Al incorporar objetos y materiales cotidianos, estos artistas cuestionaron una distinción que durante siglos había parecido evidente: la existente entre una cosa y su representación. El cuadro podía seguir mostrando una botella, una mesa o cualquier otro objeto, pero ahora también podía contener pequeños fragmentos de la misma realidad que pretendía representar.

3. El regreso del color

La tercera clave resulta evidente al comparar estas obras con las realizadas apenas unos años antes: el color recuperó protagonismo. Durante la etapa analítica, Picasso y Braque habían reducido deliberadamente sus paletas a ocres, grises y marrones. Aquella austeridad permitía concentrar la atención en la fragmentación de los objetos y en la estructura de los numerosos planos que componían la imagen.

La nueva forma de construir los objetos hizo posible otra relación con el color. Las superficies eran ahora más amplias y estaban mejor delimitadas, de modo que podían diferenciarse mediante contrastes cromáticos. Un color tampoco tenía por qué corresponder con la apariencia real del objeto: podía organizar la composición, separar planos o ayudarnos a reconocer una determinada forma.

María Blanchard: Mujer con abanico

En Mujer con abanico, realizada por María Blanchard en 1916, el color participa activamente en la construcción de la figura. Azules, verdes, ocres y otros tonos se distribuyen entre los diferentes planos que forman a la mujer y el espacio que la rodea. No se trata simplemente de colorear una estructura geométrica previamente establecida: las propias diferencias cromáticas ayudan a organizarla.

Mujer con abanico. María Blanchard. Museo Reina Sofía. TGYN

El resultado permite comprobar hasta qué punto el color podía adquirir una función estructural. Los distintos tonos separan unas superficies de otras y facilitan que nuestra mirada reconstruya la figura a partir de ellas. Blanchard mantiene la geometrización cubista, pero la combina con una riqueza cromática muy alejada de la austeridad característica de buena parte de la etapa anterior.

Juan Gris: Mujer con mandolina, según Corot

Esta relación entre forma y color también resulta fundamental en la pintura de Juan Gris. En Mujer con mandolina, según Corot, de 1916, Gris parte de una composición de Jean-Baptiste-Camille Corot para someterla a su propio lenguaje. La figura, el instrumento y el espacio se reorganizan mediante grandes superficies geométricas en las que el color contribuye a establecer relaciones entre las diferentes partes de la imagen.

El ejemplo resulta especialmente interesante porque Gris nunca renunció al color de la misma manera que Picasso y Braque durante los años analíticos. En su obra, la construcción geométrica y las relaciones cromáticas podían desarrollarse conjuntamente. El color dejaba así de ser un atributo que debía corresponderse con la apariencia exterior de las cosas para convertirse en uno de los instrumentos utilizados para construirlas.

Esta recuperación no significaba regresar a la pintura anterior al cubismo. Precisamente ocurría lo contrario: demostraba que, una vez rota la obligación de imitar la realidad mediante perspectiva, volumen y color naturalistas, también el color podía independizarse. Ya no tenía que decirnos necesariamente cómo eran las cosas, sino ayudar al artista a decidir cómo podían existir dentro del cuadro.

¿Cuál es la diferencia entre Cubismo Sintético y analítico?

La diferencia fundamental entre ambas etapas está en la manera de construir la imagen. El cubismo analítico parte del objeto para descomponerlo: fragmenta sus formas, superpone diferentes puntos de vista y reduce el color para concentrarse en el análisis de su estructura. La fase posterior realiza, en buena medida, el recorrido inverso. Selecciona formas más sencillas y las combina hasta conseguir que el objeto vuelva a resultar reconocible.

El cambio puede resumirse mediante dos verbos: analizar y sintetizar. En la primera etapa, una guitarra podía descomponerse en multitud de pequeños planos; en la segunda, unas pocas curvas y superficies podían bastar para construirla. A ello se sumaron la recuperación del color y la incorporación del collage, que permitió utilizar materiales reales dentro de las composiciones.

Sin embargo, no debemos entenderlas como dos movimientos completamente independientes. El Cubismo Sintético nació de los problemas y descubrimientos de la etapa anterior y mantuvo su rechazo de la perspectiva tradicional y de la obligación de imitar fielmente la apariencia de las cosas. Lo que cambió fueron las soluciones. Después de aprender a desmontar visualmente la realidad, aquellos artistas comenzaron a preguntarse cómo podían volver a construirla.

¿Cuáles son los 3 tipos de cubismo?

Aunque es frecuente hablar de tres tipos de cubismo, esta clasificación debe entenderse más como una forma de explicar la evolución del movimiento que como una división absolutamente cerrada. Habitualmente se distingue una primera etapa denominada cubismo cézanniano o protocubismo, seguida de las fases analítica y sintética.

La primera se desarrolló aproximadamente entre 1907 y 1909 y muestra la importancia de Paul Cézanne en los primeros experimentos de Picasso y Braque. Las figuras y los paisajes comenzaron a reducirse a estructuras geométricas y la perspectiva tradicional perdió progresivamente su unidad. Era el comienzo de una transformación que todavía no había alcanzado la fragmentación característica de los años siguientes.

A partir de 1909 se desarrolló la fase analítica, en la que los objetos fueron descompuestos en numerosos planos y observados desde distintos puntos de vista. Hacia 1912 comenzó la etapa sintética, caracterizada por la reconstrucción mediante formas más sencillas, la recuperación del color y la aparición del collage.

Estas fechas son aproximadas y las tres etapas no deben imaginarse como compartimentos perfectamente separados. Las transformaciones fueron progresivas y diferentes soluciones convivieron durante determinados momentos. Más que tres movimientos distintos, nos permiten observar cómo un mismo problema artístico fue cambiando rápidamente de forma en apenas unos años.

¿Cuáles son las 5 características principales del cubismo?

Como ya dijimos en nuestro artículo introductorio sobre el cubismo, este movimiento transformó profundamente la manera de representar objetos, figuras y espacios. Entre sus características principales podemos señalar cinco: la geometrización de las formas, la ruptura con la perspectiva tradicional, la representación simultánea de diferentes puntos de vista, el progresivo alejamiento de la imitación naturalista y la experimentación con nuevos materiales y técnicas.

Sin embargo, estas características no permanecieron inalterables. La importancia de cada una fue cambiando a medida que evolucionaba el movimiento. La fragmentación y la multiplicidad de perspectivas alcanzaron un desarrollo especialmente complejo durante la fase analítica, mientras que posteriormente adquirieron mayor protagonismo la simplificación de las formas, el color y el collage.

Por eso, hablar de cinco características sirve para reconocer los principios generales del movimiento, pero no para explicar toda su evolución. En este artículo hemos visto precisamente cómo algunos de aquellos principios se transformaron en apenas unos años, dando lugar a una nueva manera de construir la imagen sin regresar a la representación tradicional.

Conoce el cubismo en los museos de Madrid

Entender estos cambios sobre el papel es una cosa; encontrarse delante de las obras es otra. El Museo Reina Sofía permite acercarse a figuras fundamentales como Juan Gris, María Blanchard y Pablo Picasso, mientras que el Museo Thyssen-Bornemisza conserva también importantes ejemplos que permiten ampliar nuestra mirada sobre el movimiento y su desarrollo internacional.

En The Guides You Need realizamos visitas guiadas a ambos museos en grupos reducidos. Nuestro objetivo no es únicamente identificar artistas y obras, sino comprender por qué aquellas imágenes rompieron con siglos de tradición y cómo sus experimentos transformaron la historia del arte.

🎟️ Entrada al museo incluida en el precio de la visita.

Adquirimos las entradas con antelación para facilitar el acceso.

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