El 22 de agosto de 1878 moría en Francia María Cristina de Borbón y Dos Sicilias, una de las mujeres más influyentes y controvertidas de la España del siglo XIX. Había sido reina consorte, regente y madre de Isabel II, pero su influencia política se prolongó mucho más allá de los años en los que gobernó oficialmente.
En el aniversario de su muerte, recorremos su vida para comprender cómo una princesa nacida en Palermo terminó ocupando el centro de las luchas dinásticas y políticas que transformaron España. Su historia nos llevará desde su matrimonio con Fernando VII hasta la Primera Guerra Carlista, la construcción del Estado liberal, su matrimonio secreto y las polémicas que acompañaron sus últimos años.
Índice

¿Quién fue María Cristina de Borbón y Dos Sicilias?
María Cristina de Borbón fue reina consorte de España, esposa de Fernando VII y, tras la muerte del monarca, regente durante la minoría de edad de su hija Isabel II. Su vida quedó ligada a uno de los momentos más turbulentos del siglo XIX español: el final de la monarquía absoluta, la Primera Guerra Carlista y el difícil establecimiento de un Estado liberal.
Nació en Palermo el 27 de abril de 1806. Era hija de Francisco I, rey de las Dos Sicilias, y de María Isabel de Borbón, infanta de España. Por tanto, pertenecía a dos ramas estrechamente emparentadas de la dinastía borbónica. De hecho, María Cristina era sobrina de quien acabaría convirtiéndose en su marido: Fernando VII era hermano de su madre. El parentesco hizo necesarias las correspondientes dispensas pontificias para celebrar el matrimonio.
1829: María Cristina se casa con Fernando VII
Cuando María Cristina llegó a España, Fernando VII tenía cuarenta y cinco años y había enviudado ya tres veces. Ninguno de sus matrimonios había proporcionado al rey un descendiente que pudiera sucederle. María Cristina, que tenía veintitrés años, se convirtió así en su cuarta esposa. El matrimonio se celebró en diciembre de 1829.
La importancia de aquella boda pronto iría mucho más allá de la vida privada de la pareja. María Cristina consiguió lo que las anteriores esposas del rey no habían logrado: tener descendencia. Su primera hija nació en 1830 y recibió el nombre de Isabel. Dos años después nació una segunda niña, Luisa Fernanda.
El nacimiento de Isabel planteó inmediatamente una cuestión que terminaría dividiendo España. ¿Podía una mujer heredar la Corona? La disputa sucesoria enfrentaría los derechos de la hija de María Cristina con las pretensiones de Carlos María Isidro, hermano de Fernando VII. Lo que había comenzado como el problema personal de un rey sin descendencia estaba a punto de convertirse en una crisis dinástica, política y, finalmente, en una guerra.
¿Quién fue María Cristina de Borbón y Dos Sicilias?
María Cristina de Borbón y Dos Sicilias fue reina consorte de España, esposa de Fernando VII y, tras la muerte del monarca, regente durante la minoría de edad de su hija Isabel II. Su protagonismo coincidió con uno de los periodos más convulsos del siglo XIX español: el final del reinado de Fernando VII, el estallido de la Primera Guerra Carlista y el avance, no siempre sencillo, del liberalismo.
Nació en Palermo el 27 de abril de 1806. Era hija de Francisco I, rey de las Dos Sicilias, y de María Isabel de Borbón. Su origen la situaba dentro de una extensa red familiar que conectaba las distintas ramas europeas de los Borbones. Esa proximidad llegaba bastante lejos: Fernando VII, su futuro marido, era hermano de su madre y, por tanto, tío de María Cristina.
De princesa de las Dos Sicilias a reina de España
En 1829, María Cristina viajó a España para casarse con Fernando VII. Ella tenía veintitrés años; él, cuarenta y cinco. Para el monarca se trataba ya de su cuarto matrimonio: sus tres esposas anteriores habían muerto sin dejarle un descendiente que pudiera asegurar la continuidad de la Corona. La cuestión sucesoria era especialmente importante. En ausencia de descendencia de Fernando VII, su hermano Carlos María Isidro se encontraba en una posición privilegiada para sucederlo. El nuevo matrimonio podía cambiar por completo aquella situación.
La boda se celebró en diciembre de 1829 y María Cristina se convirtió en reina consorte. Apenas diez meses después, el 10 de octubre de 1830, nació su primera hija, Isabel. Dos años más tarde llegaría una segunda, Luisa Fernanda. El nacimiento de Isabel no solucionó, sin embargo, el problema sucesorio, lo transformó: en aquel momento una mujer no podía acceder al trono. La discusión sobre quién debía reinar después de Fernando VII terminaría enfrentando a los partidarios de su hija con los de Carlos María Isidro y condicionaría buena parte de la vida política de María Cristina. Lo que comenzó como una disputa dinástica acabaría convirtiéndose en una guerra civil.
La Reina Isabel II, hija de doña María Cristina
Una de las preguntas más habituales al acercarse a la figura de María Cristina es quién es la hija de doña María Cristina. La respuesta más evidente es Isabel II, nacida en Madrid el 10 de octubre de 1830 y destinada a convertirse en reina de España con apenas tres años. Sin embargo, no fue su única hija con Fernando VII: en 1832 nació Luisa Fernanda de Borbón.
El nacimiento de Isabel tuvo consecuencias que fueron mucho más allá de la familia real. Fernando VII había promulgado en 1830 la Pragmática Sanción, que permitía que una mujer heredase la Corona en ausencia de un hijo varón. De esta manera, Isabel podía suceder a su padre y desplazaba en la línea sucesoria al hermano del rey, Carlos María Isidro.

El nacimiento de Isabel y el problema sucesorio
Carlos María Isidro y sus partidarios no aceptaron aquella solución. En torno a su candidatura comenzaron a agruparse sectores que defendían no solamente sus derechos dinásticos, sino también una concepción tradicionalista y absolutista de la monarquía. Alrededor de Isabel y María Cristina, en cambio, acabarían reuniéndose fuerzas muy diferentes, entre ellas los liberales.
La situación se volvió especialmente delicada durante los últimos meses de vida de Fernando VII. El rey estaba gravemente enfermo y la lucha por la sucesión había dejado de ser una posibilidad futura. María Cristina comprendió que defender los derechos de su hija significaba también garantizar su propia posición y buscar apoyos políticos capaces de enfrentarse a los partidarios de Carlos.
1833: muere Fernando VII
Fernando VII murió el 29 de septiembre de 1833. Isabel tenía solamente dos años y estaba a pocos días de cumplir tres. Fue proclamada reina como Isabel II, mientras María Cristina asumía la regencia hasta que su hija tuviera edad suficiente para gobernar.
Carlos María Isidro rechazó reconocer a su sobrina como reina y reclamó la Corona para sí mismo. España quedó entonces dividida entre isabelinos y carlistas. La disputa familiar de los Borbones se transformó así en un conflicto mucho mayor sobre la monarquía, la sociedad y el sistema político que debía imponerse en el país.
Comenzaba la Primera Guerra Carlista. Para María Cristina, también empezaba una etapa completamente distinta: había llegado a España cuatro años antes para convertirse en esposa de un rey y ahora se encontraba al frente de la Regencia, defendiendo el trono de una niña de tres años.
1833-1840: María Cristina gobierna España como regente
La Regencia de María Cristina comenzó en una situación extraordinariamente difícil. No solo tenía que defender los derechos al trono de una niña de tres años: buena parte del país reconocía como rey a Carlos María Isidro. Apenas unos días después de la muerte de Fernando VII comenzaron los primeros levantamientos carlistas y la disputa sucesoria se convirtió en una guerra.
La Primera Guerra Carlista enfrentó a dos candidatos al trono, pero pronto fue mucho más que una cuestión familiar. El carlismo reunió a sectores partidarios de una monarquía tradicional y contrarios al avance del liberalismo, con una presencia especialmente importante en el País Vasco, Navarra, Cataluña y algunas zonas del Maestrazgo. María Cristina, por su parte, necesitaba apoyos suficientes para mantener a Isabel II en el trono.

María Cristina y los liberales: una alianza por necesidad
Esto colocó a la Regente en una situación paradójica. María Cristina no había llegado a España como una defensora del liberalismo y procedía de una corte profundamente conservadora. Sin embargo, la necesidad de enfrentarse al carlismo la empujó a buscar el respaldo de los liberales.
La alianza fue, por tanto, más práctica que ideológica. Durante su Regencia se produjo una transformación política que habría resultado difícil de imaginar durante buena parte del reinado de Fernando VII. En 1834 se promulgó el Estatuto Real, que introdujo unas Cortes divididas en dos cámaras, aunque estaba todavía muy lejos de reconocer plenamente los principios defendidos por los sectores liberales más avanzados.
Las reformas continuaron mientras avanzaba la guerra. Juan Álvarez Mendizábal llegó al Gobierno en 1835 e impulsó la conocida desamortización de Mendizábal, que supuso la expropiación y venta de numerosos bienes de las órdenes religiosas. La medida buscaba, entre otros objetivos, obtener recursos para un Estado necesitado de dinero y fortalecer a la causa liberal frente al carlismo.
El motín de La Granja y la Constitución de 1837
La relación entre María Cristina y los liberales estuvo lejos de ser tranquila. En agosto de 1836, un grupo de sargentos de la Guardia Real se sublevó en el Palacio de La Granja de San Ildefonso y obligó a la Regente a restablecer la Constitución de 1812. El episodio mostraba hasta qué punto María Cristina podía ejercer el poder, pero también los límites que encontraba cuando sus intereses chocaban con los de quienes sostenían políticamente el trono de su hija.
El proceso desembocó en la Constitución de 1837, un texto que trató de conciliar algunas posiciones de moderados y progresistas. Mientras tanto, la guerra continuaba. El Convenio de Vergara de 1839 permitió poner fin al principal frente carlista, aunque la resistencia continuó en algunas zonas hasta 1840.
María Cristina había conseguido su objetivo fundamental: Isabel II seguía siendo reina. Pero la misma transformación política que había contribuido a mantener a su hija en el trono había fortalecido a unos liberales con los que la Regente mantenía una relación cada vez más difícil. En 1840, el enfrentamiento con los progresistas y con el general Espartero terminaría costándole la Regencia.
El matrimonio secreto de María Cristina y Fernando Muñoz
Mientras María Cristina trataba de asegurar el trono de Isabel II, su vida privada tomó un rumbo inesperado. Pocos meses después de la muerte de Fernando VII conoció a Agustín Fernando Muñoz, un joven guardia de corps varios años menor que ella. La relación avanzó rápidamente y ambos contrajeron matrimonio en secreto el 28 de diciembre de 1833.
El secreto tenía una explicación política. El nuevo matrimonio podía comprometer la posición de María Cristina como Regente y, sobre todo, dañar su imagen mientras gobernaba en nombre de Isabel II. Por eso, durante años, la relación con Muñoz quedó oficialmente en un segundo plano, aunque dentro de la corte era cada vez más difícil ocultarla.
Los hijos de María Cristina y Fernando Muñoz
María Cristina tuvo ocho hijos con Fernando Muñoz, que se sumaban a Isabel y Luisa Fernanda, nacidas de su matrimonio con Fernando VII. En total, por tanto, fue madre de diez hijos. La existencia de esta segunda familia añadió una dimensión especialmente delicada a su situación: mientras aparecía públicamente como reina viuda y Regente, mantenía un matrimonio que no podía reconocer abiertamente.
La relación sobrevivió a la Regencia y terminó siendo pública. Años después, durante el reinado de Isabel II, Fernando Muñoz recibió el título de duque de Riánsares. Para entonces, el problema ya no era únicamente que María Cristina se hubiera casado en secreto. La posición adquirida por Muñoz y la creciente fortuna de la pareja alimentarían algunas de las críticas más persistentes contra la reina madre.
El matrimonio duró hasta la muerte de María Cristina en 1878. Fue, por tanto, mucho más que un episodio sentimental de juventud: Fernando Muñoz acompañó a la antigua Regente durante sus enfrentamientos políticos, sus exilios y el largo periodo en el que continuó ejerciendo influencia sobre la corte de su hija.
1840-1854: exilio, regreso, poder y negocios
El final de la Primera Guerra Carlista no significó que los problemas políticos de María Cristina hubieran terminado. En 1840, su enfrentamiento con los progresistas se agravó a propósito de la Ley de Ayuntamientos, que reforzaba el control de la Corona sobre la elección de los alcaldes. El general Baldomero Espartero, convertido en una de las figuras más poderosas del país después de la guerra, se situó frente a la Regente.
María Cristina terminó renunciando a la Regencia en octubre de 1840 y abandonó España. Espartero asumió poco después la regencia en nombre de Isabel II. Sin embargo, el exilio no supuso la desaparición política de la antigua reina: desde Francia mantuvo contactos con los moderados y participó en los movimientos destinados a acabar con la regencia de Espartero.
María Cristina regresa durante el reinado de Isabel II
Espartero cayó en 1843 y las Cortes decidieron declarar mayor de edad a Isabel II, aunque solo tenía trece años. María Cristina regresó a España al año siguiente y recuperó una considerable influencia en la corte. Su matrimonio con Fernando Muñoz fue reconocido públicamente y Muñoz recibió el título de duque de Riánsares.
La reina madre ya no gobernaba oficialmente, pero continuó ocupando una posición privilegiada alrededor de Isabel II. Su cercanía a la Corona permitió que María Cristina y Muñoz construyeran también una importante red de intereses económicos.
Poder, fortuna y acusaciones de corrupción
Este es uno de los aspectos más polémicos de su biografía. María Cristina y Fernando Muñoz acumularon una gran fortuna y participaron en diferentes negocios durante el reinado de Isabel II. Sus intereses alcanzaron sectores como el ferrocarril y otras empresas beneficiadas por concesiones públicas, lo que provocó fuertes acusaciones de tráfico de influencias y corrupción.
Conviene, sin embargo, distinguir entre las durísimas acusaciones de sus adversarios políticos y aquello que puede documentarse. Lo que sí resulta evidente es que la combinación entre proximidad a la Corona, influencia política e intereses privados contribuyó enormemente a la impopularidad de María Cristina. Para muchos de sus contemporáneos, la reina madre había convertido su posición familiar en una fuente de poder y enriquecimiento.
En 1854, esa impopularidad tendría consecuencias. Una nueva revolución derribó al gobierno moderado y la indignación popular se dirigió también contra María Cristina y su entorno. Después de haber perdido la Regencia en 1840, la antigua Regente se veía obligada, una vez más, a abandonar España.
Los últimos años
La revolución de 1854 abrió una nueva etapa en la vida de María Cristina. La antigua Regente abandonó España y volvió a instalarse en Francia junto a Fernando Muñoz. Aunque todavía regresaría ocasionalmente a territorio español, su capacidad para intervenir directamente en la política del país quedó considerablemente reducida.
Mientras tanto, Isabel II continuó en el trono. Su reinado estuvo marcado por una fuerte inestabilidad política, la intervención constante de la Corona en la vida pública y una sucesión de gobiernos y pronunciamientos. En 1868, catorce años después de la salida de María Cristina, una nueva revolución terminó también expulsando a su hija.
1868: Isabel II pierde el trono
La Revolución Gloriosa comenzó en septiembre de 1868 y provocó rápidamente el derrumbe de la monarquía isabelina. Isabel II cruzó la frontera francesa. nunca volvería a reinar en España.
María Cristina pudo contemplar así la caída del trono que había defendido desde 1833. Sin embargo, la expulsión de Isabel II tampoco significó el final de los Borbones en España. En 1870, Isabel abdicó sus derechos dinásticos en su hijo Alfonso y, cuatro años después, la Restauración convirtió al joven en Alfonso XII.

1878: María Cristina muere en Francia
Doña María Cristina vivió, por tanto, lo suficiente para asistir a la restauración de la dinastía en la persona de su nieto. Pasó sus últimos años principalmente en Francia junto a Fernando Muñoz, con quien había compartido más de cuatro décadas de matrimonio.
El 22 de agosto de 1878, María Cristina de Borbón y Dos Sicilias murió en Sainte-Adresse, cerca de Le Havre, a los 72 años. Sus restos fueron trasladados a España y enterrados en el Panteón de Reyes del monasterio de El Escorial, el mismo lugar reservado a los monarcas y a las reinas que habían sido madres de reyes.
Su muerte cerraba una vida estrechamente vinculada a los grandes conflictos políticos de la España del siglo XIX. Había llegado al país como cuarta esposa de Fernando VII y terminaba sus días después de haber sido reina, Regente, exiliada y madre de una reina destronada, pero también abuela del monarca con el que los Borbones habían regresado al trono.
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