Qué ver en el Palacio Real: 5 objetos sorprendentes que no debes perderte

Si estás pensando qué ver en el Palacio Real, probablemente hayas encontrado fotografías de sus grandes salones, sus lámparas o la espectacular decoración de sus paredes. Sin embargo, entre tanta riqueza es fácil pasar por alto algunos de los objetos que ayudan a comprender mejor la historia del edificio y de quienes lo habitaron.

El Palacio no es únicamente un conjunto de habitaciones monumentales. En su interior encontramos pinturas, esculturas, instrumentos musicales, relojes y símbolos de la monarquía que merecen detenerse unos minutos delante de ellos. Algunos pertenecieron a los reyes que vivieron aquí; otros continúan vinculados a la Corona española y llegan hasta nuestra propia época.

¿Qué ver en el Palacio Real? Pues, por ejemplo, ¡los leones del Salón del Trono!
¿Qué ver en el Palacio Real? Pues, por ejemplo, ¡los leones del Salón del Trono!

Preguntas frecuentes antes de visitar el Palacio Real

¿Qué ver en el Palacio Real? ¡De eso va este artículo!

Muchísimo. Durante la visita se recorren algunos de los espacios más importantes del edificio, como la Escalera Principal, el Salón del Trono, el Salón de Gasparini o el Comedor de Gala. A ellos se suman pinturas, esculturas, tapices, muebles, instrumentos musicales, relojes y numerosos objetos relacionados con la historia de la monarquía española.

En este artículo vamos a fijarnos en cinco objetos o conjuntos especialmente interesantes: la Corona Real, las esculturas del Salón del Trono, los relojes de la colección palatina, el retrato de la Familia Real de Antonio López y los extraordinarios Stradivarius conservados en el Palacio.

¿Merece la pena entrar en el Palacio Real?

Sí. El exterior permite hacerse una idea de las dimensiones del edificio, pero buena parte de lo que hace excepcional al Palacio se encuentra dentro. Sus salones conservan la decoración, las obras de arte y numerosos objetos que permiten comprender cómo era la vida y la representación del poder en la corte española.

Además, no estamos ante un edificio histórico completamente apartado de su función original. El Palacio continúa utilizándose para recepciones, ceremonias y otros actos oficiales de la monarquía española. Visitarlo significa, por tanto, entrar en un espacio histórico que todavía conserva una función institucional.

¿Merece la pena una visita guiada al Palacio Real?

Sí, especialmente porque es muy fácil quedarse únicamente con lo espectacular de las salas. Una visita guiada permite entender para qué servía cada espacio, quiénes lo utilizaron y qué historias se esconden detrás de muchas de las pinturas, esculturas, muebles y objetos que encontramos durante el recorrido.

Y ahí está una de las grandes diferencias entre mirar y comprender lo que estamos viendo. Un reloj, una escultura o una corona pueden llamar nuestra atención por su belleza; conocer quién los encargó, para qué se utilizaron o qué representan permite contemplarlos de otra manera. Precisamente los cinco ejemplos de este artículo demuestran cuánto puede esconderse detrás de un objeto aparentemente secundario.

¿Cuánto se demora en recorrer el Palacio Real?

Depende de cómo se haga la visita. Si recorres el Palacio por tu cuenta, el tiempo dependerá de cuánto quieras detenerte en cada sala y en los diferentes objetos expuestos. Conviene no ir con demasiada prisa: hay mucho que observar más allá de los grandes salones.

En el caso de los grupos turísticos, la visita guiada no puede superar los 90 minutos. Son las normas establecidas por Patrimonio Nacional, el organismo público encargado de gestionar y conservar el Palacio. Por eso, una buena visita guiada también consiste en saber seleccionar: 90 minutos son suficientes para conocer los espacios fundamentales y detenerse en aquello que realmente merece una explicación.

¿Es la residencia oficial de los Reyes de España?

Sí, pero no viven allí. El Palacio Real es la residencia oficial del Rey de España, aunque la Familia Real reside habitualmente en el Palacio de la Zarzuela. El edificio que estamos visitando se reserva principalmente para ceremonias, recepciones y otros actos oficiales.

Como comentábamos en un artículo anterior sobre el Palacio Real (¡pincha aquí!), es en la Zarzuela donde se encuentra su residencia habitual. No se preocupen por ellos: el Palacio está muy bien.

¿Qué ver en el Palacio Real? ¡5 objetos que te volverán majara!

1. La Corona Real: una corona que ningún rey se pone

Entre todo lo que podemos ver en el Palacio, pocos objetos parecen representar mejor a la monarquía que la Corona Real. Sin embargo, hay algo que conviene aclarar nada más acercarnos a ella: no estamos ante una corona que los reyes de España se coloquen sobre la cabeza durante su coronación.

De hecho, en España no existe actualmente una ceremonia de coronación comparable a la británica. La Corona que contemplamos en el Palacio tiene fundamentalmente un carácter simbólico y ceremonial. Junto al cetro, representa la autoridad de la Corona y aparece en algunos de los momentos más solemnes de la monarquía española.

Una corona del siglo XVIII

La pieza fue realizada en 1775 por el platero Fernando Velasco, durante el reinado de Carlos III. Está fabricada en plata sobredorada y presenta una estructura formada por un aro del que parten ocho florones y varios arcos que ascienden hasta encontrarse bajo un orbe rematado por una cruz.

Su apariencia puede resultar sorprendente si esperamos encontrar una corona cubierta de diamantes, rubíes y otras piedras preciosas. Aquí el protagonismo recae fundamentalmente en el trabajo de la plata y en la propia forma del objeto. Su importancia no procede tanto de su valor material como de aquello que representa.

La Corona y el cetro

Corona Real, Palacio Real de Madrid (foto de Lidia Guerra)

La Corona se conserva junto al Cetro Real, una pieza bastante más antigua. El cetro procede del siglo XVII y está formado por diferentes materiales, entre ellos cristal de roca, plata sobredorada y esmaltes. Ambos objetos forman las llamadas Joyas de la Corona de España.

Y, aunque su nombre pueda hacernos imaginar una gran colección de joyas semejante a la británica, en España la situación es diferente. La Corona y el cetro son las principales piezas históricas que desempeñan esa función simbólica.

Un objeto que todavía tiene una función

Quizá lo más interesante sea que no estamos contemplando simplemente una pieza histórica encerrada en una vitrina. La Corona continúa participando en algunas de las ceremonias más importantes de la monarquía española.

Por ejemplo, la Corona y el cetro estuvieron presentes en la proclamación de Felipe VI en 2014, colocados ante los representantes de las Cortes Generales. El rey no llevó la Corona sobre la cabeza: estaba allí como símbolo de la institución que acababa de asumir.

Eso convierte esta pieza en algo especialmente interesante dentro del recorrido. Fue realizada durante el reinado de Carlos III, ha sobrevivido a cambios de dinastía, revoluciones, repúblicas y restauraciones y, más de dos siglos después, continúa desempeñando una función ceremonial. No está nada mal para una corona que ningún rey se pone.

2. Los leones del Salón del Trono: Velázquez no solo compraba cuadros

Al entrar en el Salón del Trono hay muchas cosas que compiten por nuestra atención. Tenemos los tronos, el terciopelo rojo de las paredes y, sobre nuestras cabezas, El triunfo de la Monarquía Española pintado por Tiepolo. Pero nosotros vamos a bajar la mirada. A ambos lados de los tronos encontramos varios leones de bronce dorado que tienen una historia bastante más interesante de lo que parece.

Para conocerla tenemos que abandonar por un momento el Palacio y viajar hasta la Roma del siglo XVII. Y, curiosamente, hacerlo acompañados por alguien que conocemos muy bien: Diego Velázquez.

Velázquez se va de compras a Italia

En 1649, durante su segundo viaje a Italia, Velázquez no viajó únicamente como pintor. Como decíamos en este artículo (¡pincha aquí!), Velázquez fue enviado a Italia para adquirir obras de arte y conseguir esculturas y vaciados de algunas de las grandes piezas de la Antigüedad que debían contribuir a la decoración de los espacios reales de Felipe IV.

No todo podía comprarse y enviarse directamente a Madrid. Por eso, una parte importante de aquella misión consistió en obtener moldes y realizar reproducciones de esculturas célebres. Velázquez recurrió para ello a artistas y fundidores que trabajaban en Roma y supervisó un proyecto que terminaría llevando hasta la corte española algunas de las formas más prestigiosas de la escultura clásica. Entre las piezas vinculadas a aquella empresa se encontraban los leones que hoy podemos contemplar en el Salón del Trono.

Unos leones más antiguos que el Palacio

Hay un detalle que hace todavía más interesantes estas esculturas: los leones estaban en Madrid mucho antes de que existiera el actual Palacio. Su primer destino fue el antiguo Alcázar de los Austrias, la residencia real que ocupaba este mismo lugar.

Allí se utilizaron en la Pieza Ochavada, uno de los espacios creados durante el reinado de Felipe IV para exhibir parte de las colecciones reales. El Alcázar desapareció después del devastador incendio de la Nochebuena de 1734. Sobre aquel lugar comenzó a construirse, pocos años después, el edificio que conocemos actualmente.

Los leones sobrevivieron al desaparecido Alcázar y encontraron acomodo en el nuevo Palacio. Es decir, cuando nos detenemos delante de ellos estamos viendo uno de esos objetos que permiten conectar directamente el edificio de los Borbones con la residencia de los Austrias que existió anteriormente.

¿Por qué hay leones junto al trono?

Su ubicación actual, además, difícilmente podría ser más apropiada. Desde la Antigüedad, el león ha estado relacionado con ideas como la fuerza, el poder y la autoridad. Situarlos alrededor del lugar reservado al monarca contribuía a reforzar visualmente el mensaje de toda la estancia.

Porque prácticamente nada en el Salón del Trono está colocado al azar. Carlos III encargó la decoración de la sala a Felice Gazzola, que concibió un conjunto destinado a representar y exaltar a la monarquía española. Unas esculturas creadas más de un siglo antes podían integrarse perfectamente en ese nuevo discurso.

Así que, cuando entren en el Salón del Trono, no miren únicamente hacia los tronos o hacia el enorme fresco de Tiepolo. Bajen también la vista. Esos leones nos llevan hasta Felipe IV, el viaje italiano de Velázquez y un Palacio anterior al que tenemos delante. Han cambiado el edificio y la dinastía, pero ellos siguen allí.

3. Los relojes del Palacio: cuando medir el tiempo se convierte en un arte

Si durante la visita empiezan a fijarse en los relojes, probablemente descubrirán que aparecen por todas partes. No es casualidad. Las Colecciones Reales conservan una extraordinaria colección de relojería formada durante siglos por los monarcas españoles, con piezas que van desde finales del siglo XVI hasta comienzos del XX.

Y no piensen únicamente en objetos destinados a decir qué hora es. Algunos incorporan música, autómatas o complejos mecanismos astronómicos; otros están rodeados de esculturas y escenas inspiradas en la Antigüedad. En varias piezas encontramos además referencias mitológicas relacionadas con el paso del tiempo, entre ellas Cronos, identificado con el Saturno romano y convertido tradicionalmente en personificación del tiempo.

Carlos IV, el rey relojero

La pasión de la monarquía española por la relojería venía de mucho antes, pero alcanzó uno de sus momentos más interesantes con Carlos IV. El monarca sentía un interés especial por las artes mecánicas y reunió numerosas piezas para las residencias reales, hasta el punto de que Patrimonio Nacional se refiere a él como «el rey relojero».

A la corte llegaron relojes de algunos de los fabricantes europeos más prestigiosos. Entre ellos encontramos a Abraham-Louis Breguet, uno de los grandes nombres de la historia de la relojería y autor de una pieza que merece especialmente nuestra atención durante la visita: el Atlas.

Atlas: un reloj con el sistema solar dentro

Fíjense en la fotografía que acompaña este artículo. Un hombre sostiene sobre sus hombros un enorme globo celeste azul cubierto de constelaciones doradas. Se trata de Atlas, el titán de la mitología griega condenado a sostener la bóveda celeste, convertido aquí en el protagonista de un extraordinario reloj.

La pieza fue realizada por Abraham-Louis Breguet hacia 1800 y Patrimonio Nacional la vincula a las colecciones de Carlos IV o Fernando VII. Mide aproximadamente 160 centímetros de altura y combina materiales como el bronce, la madera y el metal, pero lo verdaderamente extraordinario se encuentra dentro del globo.

Un pequeño planetario sobre los hombros de Atlas

El Atlas no es solamente un reloj: en su interior encontramos un planetario mecánico que representa el sistema solar conocido en aquel momento. Aparecen Mercurio, Venus, la Tierra, Marte, Júpiter, Saturno y Urano, además de varios de los satélites conocidos entonces. Plutón, naturalmente, todavía tardaría más de un siglo en ser descubierto.

El mecanismo permite poner en movimiento parte del planetario y está dispuesto de tal manera que reproduce visualmente las órbitas en torno al Sol. La pieza incorpora además referencias al calendario y al Zodiaco, convirtiendo el globo que carga Atlas en una pequeña representación mecánica del cielo y del paso del tiempo.

El reloj de Atlas. Palacio Real. Patrimonio Nacional. TGYN

El tiempo también tiene rostro

Atlas no es la única figura mitológica que encontramos asociada a los relojes del Palacio. Una referencia especialmente apropiada es Cronos, relacionado con Saturno y con el paso inexorable del tiempo, que aparece en la decoración de algunas piezas de las Colecciones Reales. En la llamada Péndola de El Tiempo, por ejemplo, la figura de Cronos forma parte de la propia composición del reloj.

La elección tiene bastante sentido: pocas figuras mitológicas podían resultar más apropiadas para decorar un instrumento dedicado precisamente a medir el tiempo. Así, estos relojes dejan de ser simples objetos funcionales para convertirse también en esculturas, alegorías y demostraciones del extraordinario desarrollo técnico alcanzado por la relojería europea.

Por eso merece la pena detenerse delante de ellos durante la visita. En un edificio lleno de frescos, lámparas, esculturas y enormes salones, un reloj puede parecer un elemento secundario, pero piezas como el Atlas demuestran justo lo contrario: a veces basta con mirar un poco más de cerca para encontrarse todo un sistema solar dentro.

4. La familia de Juan Carlos I: el cuadro que tardó 20 años en terminarse

Después de coronas, esculturas del siglo XVII y relojes mecánicos, llegamos a una obra completamente diferente. En el Salón de Alabarderos encontramos un enorme lienzo de Antonio López que representa a Juan Carlos I, la reina Sofía y sus tres hijos: Elena, Cristina y el entonces príncipe Felipe, actual Felipe VI.

El cuadro mide nada menos que tres metros de alto por casi tres metros y medio de ancho, de manera que las cinco figuras aparecen prácticamente a escala natural. Además, su ubicación no es secundaria: el Salón de Alabarderos es la primera estancia del recorrido turístico, por lo que la obra sirve como una especie de transición entre la monarquía contemporánea y los siglos de historia que vamos a encontrar a continuación.

Un encargo de 1993 terminado en 2014

Patrimonio Nacional encargó la obra a Antonio López a finales de 1993. El artista comenzó a trabajar en ella al año siguiente y no estampó su firma definitiva hasta el 5 de noviembre de 2014. Habían transcurrido aproximadamente veinte años desde el comienzo del proyecto.

El dato puede sorprender, pero encaja perfectamente con la manera de trabajar de Antonio López. Estamos ante un artista conocido por regresar una y otra vez sobre sus obras, modificarlas y prolongar su proceso de creación hasta considerar que realmente están terminadas. En 2024, al regresar al Palacio y reencontrarse con el cuadro, el propio pintor recordó aquellos veinte años como una experiencia que había marcado su vida profesional.

Una Familia Real sin tronos ni coronas

Lo interesante es comparar esta imagen con los retratos reales que podemos encontrar en otros lugares de Madrid. Aquí no hay un trono, un cetro ni grandes símbolos de poder. Antonio López sitúa a los cinco personajes de pie en una estancia luminosa y de arquitectura poco definida, formando prácticamente un friso frente al espectador.

Juan Carlos I ocupa el centro de la composición. A un lado aparecen las infantas Elena y Cristina; al otro, la reina Sofía y el entonces príncipe Felipe, que aparece ligeramente adelantado respecto a su madre. Patrimonio Nacional interpreta precisamente esta posición como una manera de destacar su condición de heredero de la Corona.

Un retrato que ya pertenece a otra época

Hay además una circunstancia que el pintor difícilmente podía prever cuando recibió el encargo. Cuando Antonio López terminó la obra en 2014, aquella familia que había comenzado a pintar veinte años antes ya pertenecía, institucionalmente, a otro momento: Juan Carlos I había abdicado y Felipe VI se había convertido en rey de España.

El cuadro quedó así convertido casi inmediatamente en una imagen histórica. Desde junio de 2015 se expone de manera permanente en el Salón de Alabarderos, donde Patrimonio Nacional decidió instalarlo precisamente para relacionar el recorrido histórico del edificio con su condición de residencia oficial de los Reyes de España.

Y merece la pena detenerse delante de él antes de continuar la visita. Dentro de un edificio construido en el siglo XVIII y lleno de imágenes de monarcas del pasado, Antonio López nos recuerda que la historia del Palacio no terminó con Carlos III, Carlos IV o Fernando VII: llega prácticamente hasta nuestros días.

5. Los Stradivarius del Palacio Real: un cuarteto único en el mundo

Llegamos al último de nuestros cinco imprescindibles y, probablemente, a uno de los tesoros más inesperados del Palacio. Entre las Colecciones Reales se conserva un conjunto de instrumentos construido por Antonio Stradivari, el célebre lutier de Cremona cuyos violines se encuentran hoy entre los instrumentos musicales más apreciados del mundo.

La colección española es especialmente importante porque conserva unido un conjunto concebido para tocar conjuntamente: dos violines, una viola y un violonchelo, conocidos como el Cuarteto Palatino. A ellos se suma otro violonchelo de Stradivari conservado también en las Colecciones Reales.

Stradivari quiso vendérselos a un rey español

La relación de estos instrumentos con España comienza a comienzos del siglo XVIII. En 1702, Felipe V visitó Cremona durante su viaje por Italia y Stradivari trató de venderle un conjunto de instrumentos que había preparado años antes para una importante corte. La operación, sin embargo, no llegó a realizarse entonces.

Hubo que esperar varias décadas. En 1775, durante el reinado de Carlos III, el príncipe de Asturias —el futuro Carlos IV— adquirió finalmente los instrumentos a Paolo Stradivari, hijo del lutier. De esta manera, las piezas terminaron llegando a la corte española más de setenta años después de aquel primer encuentro con Felipe V.

Instrumento stradivarius. Palacio Real. Patrimonio Nacional. TGYN
Instrumento stradivarius. Palacio Real. Patrimonio Nacional. TGYN

No son instrumentos cualquiera

La excepcionalidad del conjunto no reside únicamente en llevar la firma de Stradivari. Los cuatro instrumentos fueron concebidos como un grupo y presentan una elaborada decoración que explica que también sean conocidos como Stradivarius Decorados.

En ellos podemos encontrar ornamentaciones realizadas con marfil, ébano y otros materiales, además de motivos decorativos que recorren diferentes partes de los instrumentos. Stradivari no estaba fabricando simplemente excelentes herramientas para producir música: estaba creando piezas dignas de una corte.

Una viola que desapareció durante más de medio siglo

La historia del cuarteto tuvo además un episodio bastante accidentado. Durante la Guerra de la Independencia, la viola salió de España y terminó separada del resto del conjunto. Durante décadas, los instrumentos que habían sido concebidos para permanecer juntos estuvieron dispersos.

La viola pasó por diferentes propietarios hasta que finalmente pudo regresar a España en 1951. Su recuperación permitió reunir de nuevo el conjunto más de un siglo después de su separación y devolver al Palacio uno de los elementos fundamentales del cuarteto.

Y todavía pueden sonar

Quizá este sea el detalle que más nos gusta de los Stradivarius: no son únicamente piezas de museo. Los instrumentos continúan conservando su función musical y Patrimonio Nacional los utiliza excepcionalmente en conciertos, confiándolos a intérpretes de primer nivel.

Esto cambia bastante la forma de contemplarlos. Estamos delante de instrumentos fabricados hace aproximadamente tres siglos, adquiridos por la familia de Carlos III y conservados durante generaciones, pero que todavía pueden hacer exactamente aquello para lo que Stradivari los construyó: sonar.

Así que, después de la Corona, los leones que nos llevan hasta Velázquez, los extraordinarios relojes y el retrato de Antonio López, terminamos con cuatro instrumentos que han sobrevivido juntos —aunque con algún que otro sobresalto— durante siglos. No está mal para cinco objetos que podrían pasar desapercibidos dentro de un Palacio en el que hay demasiado que mirar.

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Después de recorrer coronas, leones, relojes, pinturas y Stradivarius, queda una cosa bastante clara: en el Palacio hay mucho más de lo que podemos apreciar a simple vista. Una visita guiada sirve precisamente para eso: para saber dónde detenerse y entender por qué merece la pena aquello que tenemos delante.

En The Guides You Need recorremos el Palacio en grupos reducidos y aprovechamos los 90 minutos de visita para enseñarte sus espacios fundamentales, pero también esas historias y detalles que pueden pasar desapercibidos cuando se visita por cuenta propia.

👥 Grupos de un máximo de 8 personas.

🎓 Guías profesionales, con una visita pensada para comprender y disfrutar el Palacio, no para recitar un guion de memoria.

🎟️ Entrada al Palacio Real incluida. Nosotros nos encargamos de comprarla con antelación.

⏱️ 90 minutos de visita guiada, el tiempo máximo permitido por Patrimonio Nacional para los grupos turísticos.

📍 Nos encontramos junto a la estatua de Felipe IV, en la Plaza de Oriente, justo delante del Palacio.

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