Ángeles Santos en el Reina Sofía: 3 obras para descubrir un prodigio
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¿Quién fue Ángeles Santos?
Ángeles Santos fue una de las figuras más sorprendentes de la pintura española del siglo XX. Nació en Portbou, Girona, en 1911 y pasó buena parte de su infancia cambiando de ciudad debido al trabajo de su padre, funcionario de aduanas. La familia vivió en lugares como Ripoll, La Junquera, Salamanca, Sevilla y Valladolid, una ciudad que terminaría siendo fundamental para el comienzo de su carrera artística.
Su talento apareció muy pronto. Durante su estancia en Sevilla, las religiosas del colegio de las Esclavas del Sagrado Corazón advirtieron sus extraordinarias aptitudes para el dibujo y recomendaron a su familia que recibiera formación artística. Sin embargo, lo verdaderamente excepcional no fue solo que comenzara a pintar siendo muy joven, sino la rapidez con la que desarrolló un lenguaje propio. Antes de cumplir los veinte años ya había creado las pinturas que acabarían convirtiéndola en una de las artistas más singulares de su generación.
Ángeles Santos: un mundo, un prodigio
El momento decisivo llegó en 1929. Con apenas 18 años, Ángeles Santos presentó Un mundo en el IX Salón de Otoño de Madrid, una enorme pintura que llamó inmediatamente la atención de la crítica y de los círculos intelectuales de la época. Su éxito hizo que nombres como Federico García Lorca, Jorge Guillén o Ramón Gómez de la Serna se interesaran por aquella jovencísima pintora que trabajaba desde Valladolid. En muy poco tiempo, Santos había pasado de ser prácticamente una desconocida a ocupar un lugar propio dentro del efervescente panorama artístico español de finales de los años veinte.
Sin embargo, su trayectoria no siguió el camino que aquel comienzo parecía anunciar. Tras unos años de enorme intensidad creativa y una grave crisis personal en 1930, su relación con la pintura cambió. Más adelante se casó con el pintor Emilio Grau Sala y continuó trabajando, pero desarrolló una pintura muy diferente a la inquietante y experimental obra de su juventud. Ella misma llegó a distanciarse de aquella etapa e incluso destruyó algunas pinturas y documentos relacionados con esos años.
Ángeles Santos murió en Madrid en 2013, a los 101 años. Su vida fue extraordinariamente larga, pero buena parte de las obras que hoy explican su importancia en la historia del arte fueron realizadas cuando apenas había alcanzado la edad adulta. Algunas de las más importantes se conservan actualmente en el Museo Reina Sofía y permiten descubrir el breve pero extraordinario periodo en el que Santos creó algunas de las imágenes más personales de las vanguardias españolas.
Ángeles Santos y las vanguardias
Situar a Ángeles Santos dentro de las vanguardias no es sencillo. Su pintura de finales de los años veinte comparte elementos con diferentes corrientes europeas, pero nunca llegó a integrarse plenamente en ninguna de ellas. Tampoco debemos imaginar a una joven artista viajando por París, Berlín o las grandes capitales culturales del continente. Cuando realizó sus obras más sorprendentes, Santos vivía en Valladolid y buena parte de su conocimiento del arte europeo procedía de libros, revistas y reproducciones.
Una referencia especialmente importante fue Realismo mágico. Post expresionismo, del crítico alemán Franz Roh, publicado originalmente en 1925 y traducido al español pocos años después por Revista de Occidente. A través de este tipo de publicaciones, Ángeles Santos pudo acercarse a algunas de las nuevas tendencias que estaban transformando la pintura europea. En sus obras encontramos así ecos del realismo mágico, de la Nueva Objetividad alemana y de determinadas experiencias surrealistas, aunque reducir su pintura a cualquiera de estas etiquetas sería dejar fuera buena parte de aquello que la hace singular.
La renovación cultural en España
También debemos situarla dentro de un momento de extraordinaria renovación cultural en España. A finales de los años veinte convivían escritores de la Generación del 27 con artistas que buscaban nuevas formas de representación, mientras Madrid se convertía en un importante espacio de encuentro a través de exposiciones, revistas y tertulias. El éxito de Santos hizo que su obra despertara el interés de algunos de aquellos círculos y que figuras como Ramón Gómez de la Serna, Federico García Lorca o Jorge Guillén se interesaran por la joven pintora.
Lo extraordinario es que Ángeles Santos participó en aquella renovación desarrollando un universo muy personal desde una posición relativamente periférica. Sus personajes pueden resultar inquietantes, los espacios parecen obedecer a reglas propias y la realidad cotidiana se mezcla con imágenes difíciles de explicar racionalmente. Esa combinación alcanza su máxima expresión en las obras de juventud que hoy conserva el Museo Reina Sofía y, especialmente, en una pintura que realizó con apenas 18 años: Un mundo.
3 obras del Museo Reina Sofía para entender a una prodigio
Para comprender por qué nuestra pintora ocupa un lugar tan particular en el arte español del siglo XX, pocas cosas resultan más útiles que detenerse ante sus propias pinturas. El Museo Reina Sofía conserva tres obras que nos permiten acercarnos al momento más sorprendente de su trayectoria: Un mundo, Tertulia y Autorretrato. Las tres pertenecen a su juventud y muestran hasta qué punto Santos había desarrollado muy pronto una personalidad artística difícil de confundir con la de cualquier otro pintor de su generación.
Son, además, tres pinturas muy diferentes entre sí. En Un mundo, Ángeles Santos construye un universo completo sometido a sus propias reglas; en Tertulia dirige la mirada hacia un grupo de mujeres y hacia una nueva forma de representarlas; mientras que en Autorretrato es la propia artista quien se convierte en protagonista. Juntas permiten recorrer tres dimensiones de su pintura —la imaginación, su mirada sobre los demás y la representación de sí misma— y entender por qué aquellas obras realizadas por una artista extraordinariamente joven continúan llamando la atención de quienes visitan hoy el Museo Reina Sofía.
Un mundo: un planeta imaginado a los 18 años
La primera de estas obras es también la más espectacular. Nuestra pintora pintó Un mundo en 1929, cuando tenía apenas 18 años. Y aquí el título debe entenderse casi literalmente: la artista no representa un paisaje concreto, sino que imagina un planeta entero. La Tierra aparece convertida en una especie de gran cubo irregular suspendido en el espacio, rodeado por figuras femeninas, estrellas y otros cuerpos celestes. Sobre sus diferentes caras encontramos ciudades, edificios, carreteras, cementerios, trenes, campos y diminutas figuras humanas. Todo parece contemplado simultáneamente desde una perspectiva imposible.
También sorprende el tamaño. Un mundo mide aproximadamente tres metros de alto por tres de ancho, unas dimensiones extraordinarias para una pintura realizada por una artista que trabajaba en Valladolid y que todavía no conocía directamente las vanguardias europeas. Santos construyó aquel universo a partir de lo que tenía a su alcance: su entorno inmediato, libros y publicaciones sobre el nuevo arte europeo. Entre estas referencias tuvo especial importancia Realismo mágico. Post expresionismo, de Franz Roh, cuyas ilustraciones le permitieron conocer algunas de las tendencias que se estaban desarrollando fuera de España.
La inspiración, sin embargo, no procedía únicamente de la pintura. La joven pintura explicó años después que para imaginar Un mundo tuvo muy presente la poesía de Juan Ramón Jiménez y, en particular, unos versos que comienzan con «Vagos ángeles malvas». De ahí parecen surgir algunas de las figuras femeninas que rodean el planeta: seres que encienden las estrellas, recogen la luz del sol y participan en el funcionamiento de este extraño universo. Santos convierte así referencias literarias y artísticas en una cosmología completamente propia.

La aparición de una jovencísima pintora
Cuando Un mundo se presentó en el IX Salón de Otoño de Madrid en 1929, causó una enorme impresión. No era solamente la monumentalidad del lienzo lo que llamaba la atención, sino también la edad de su autora y la dificultad de encajar aquella pintura dentro de categorías conocidas. Ramón Gómez de la Serna fue uno de quienes quedaron fascinados por la obra, y el nombre de Ángeles Santos comenzó a circular entre escritores, críticos y artistas. Aquel enorme planeta imaginado en Valladolid se convirtió en la obra que la situó, con apenas 18 años, en el centro de la conversación artística española.
Hoy Un mundo forma parte de la colección del Museo Reina Sofía y sigue produciendo buena parte de aquel desconcierto inicial. Podemos buscar en ella influencias, símbolos y referencias, pero ninguna explicación termina de agotar todo lo que sucede dentro del cuadro. Quizá ahí reside precisamente una parte de su fuerza: casi un siglo después, seguimos mirando el mundo inventado por una adolescente e intentando comprender cuáles son sus reglas.
Tertulia: cuatro mujeres que rompen con su época
Tertulia, pintada en 1929, nos lleva a un escenario completamente distinto. Ya no estamos ante el universo fantástico de Un mundo, sino frente a cuatro mujeres reunidas en un espacio cerrado. Dos de ellas leen, otra parece ensimismada y una cuarta dirige su mirada hacia el espectador. La escena carece de la monumentalidad de la obra anterior, pero conserva esa sensación extraña e inquietante que caracteriza buena parte de la pintura juvenil de Ángeles Santos.
El propio tema resulta significativo. Las protagonistas aparecen solas, sin ninguna figura masculina, leyendo, conversando y fumando. No son mujeres representadas como esposas, madres o acompañantes, sino jóvenes que ocupan un espacio propio y participan de una actividad intelectual. Por ello, Tertulia se ha relacionado frecuentemente con la aparición de nuevos modelos femeninos durante las primeras décadas del siglo XX y con los ambientes culturales en los que comenzaban a adquirir mayor presencia escritoras, artistas e intelectuales.
Sin embargo, Ángeles Santos está lejos de ofrecer una escena amable o cotidiana. Los cuerpos parecen comprimidos dentro de la habitación, las manos y los rostros adquieren formas angulosas y las miradas de las protagonistas apenas se encuentran entre sí. Incluso el cigarrillo, que podría funcionar simplemente como un signo de modernidad, contribuye a reforzar la actitud desafiante y distante de algunas de las figuras. La pintora transforma así una reunión aparentemente sencilla en una imagen mucho más difícil de interpretar.

Y de nuevo, la jovencísima pintora
Tertulia resulta especialmente interesante si recordamos que Santos tenía 18 años cuando la pintó. La obra pertenece al mismo momento creativo que Un mundo, pero demuestra que su imaginación no necesitaba recurrir a planetas imposibles para producir extrañeza. Aquí le bastan cuatro mujeres, unos libros, varios cigarrillos y una habitación para construir una de las imágenes más reconocibles de su primera etapa.
Actualmente, Tertulia forma parte de la colección del Museo Reina Sofía. Contemplada junto al resto de la producción juvenil de Ángeles Santos, permite entender hasta qué punto aquella pintora adolescente estaba desarrollando, en muy poco tiempo, un lenguaje propio dentro del arte español de finales de los años veinte.
Autorretrato: Ángeles Santos frente a sí misma
En Autorretrato, realizado en 1928, desaparecen tanto el universo fantástico de Un mundo como las cuatro protagonistas de Tertulia. Ángeles Santos se representa a sí misma cuando todavía era una adolescente, poco antes del periodo de extraordinaria actividad que la convertiría en una de las pintoras jóvenes más comentadas del panorama artístico español.
La composición es sencilla y concentra toda nuestra atención en el rostro. Santos aparece de frente, con el cabello corto y oscuro, mientras dirige hacia el espectador una mirada seria y directa. No encontramos objetos que expliquen quién es ni atributos tradicionales que la identifiquen como artista: no hay pinceles, paleta ni caballete. El fondo tampoco permite reconocer un lugar concreto. Prácticamente todo lo que sabemos de la persona representada procede de su rostro y de la manera en que ha decidido mostrarse.
La imagen que deja la pintora
Precisamente por esa austeridad, el cuadro resulta especialmente interesante al compararlo con las otras dos obras que hemos visto. En Un mundo, Ángeles Santos inventa un universo poblado por multitud de pequeñas figuras; en Tertulia, construye una escena protagonizada por cuatro mujeres. En Autorretrato, en cambio, elimina casi todo lo accesorio y se enfrenta directamente a su propia imagen. Las tres pinturas son diferentes, pero comparten la misma capacidad para producir una cierta sensación de extrañeza.
El cuadro adquiere además otra dimensión cuando conocemos lo que ocurrió inmediatamente después. Apenas un año separa este Autorretrato de la presentación de Un mundo en el Salón de Otoño de 1929. La joven que aparece ante nosotros todavía no se había convertido en la pintora que despertaría el interés de críticos, escritores y artistas de Madrid, ni había vivido la enorme atención pública que acompañaría aquel éxito.

Descubre el Museo Reina Sofía con The Guides You Need
Visitar el Museo Reina Sofía significa entrar en uno de los periodos más intensos y complejos de la historia del arte español. Picasso, Dalí, Miró o Ángeles Santos convivieron con una generación de artistas que experimentó con nuevas formas de representar el mundo durante las primeras décadas del siglo XX. Ante sus obras es fácil reconocer que estamos viendo algo diferente; lo más difícil, y también lo más interesante, es comprender por qué aquellas imágenes resultaron tan revolucionarias en su momento.
En The Guides You Need realizamos visitas guiadas al Museo Reina Sofía en grupos pequeños, con un máximo de seis personas. Este formato nos permite alejarnos de los recorridos impersonales y dedicar tiempo a observar realmente las obras, plantear preguntas y establecer relaciones entre los distintos artistas que encontramos durante la visita. Nuestros guías son profesionales que conocen la colección y adaptan las explicaciones al grupo, en lugar de limitarse a repetir un discurso memorizado delante de cada cuadro.
Además, no tendrás que preocuparte por comprar la entrada por separado. El ticket del Museo Reina Sofía está incluido en nuestras visitas, por lo que tendrás todo preparado antes de comenzar el recorrido. La visita se realiza en un único idioma y ofrecemos diferentes opciones para que puedas escoger aquella que mejor se adapte a ti.
Y, por supuesto, visitar el museo acompañado permite descubrir mucho más que sus obras más famosas. El Guernica de Picasso es una razón extraordinaria para entrar en el Reina Sofía, pero sus salas esconden historias y pintoras tan fascinantes como Ángeles Santos. Si después de conocer Un mundo, Tertulia y Autorretrato quieres descubrirlas dentro del contexto de las vanguardias españolas, reserva tu visita al Museo Reina Sofía con The Guides You Need y descubre todo lo que puede contarnos su colección.
En resumen
👥 Grupos de no más de 6 personas.
🎓 Guías profesionales.
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