Maruja Mallo fue una de las figuras más singulares de la vanguardia española del siglo XX. Vinculada a la Generación del 27 y a ese grupo de mujeres que hoy conocemos como Las Sinsombrero, participó de un momento de extraordinaria renovación artística y cultural. Sin embargo, su pintura desarrolló un lenguaje propio que experimentó profundas transformaciones en apenas unos años.
Dos obras conservadas en el Reina Sofía permiten contemplar esa evolución de una manera excepcional. La verbena, pintada en 1927, nos introduce en un mundo popular, festivo y abarrotado de personajes, objetos y colores. Solo tres años después, Antro de fósiles presenta un universo casi opuesto: oscuro, mineral, desolado y construido a partir de huesos, restos y materias en descomposición.
¿Cómo pudo producirse un cambio tan radical en tan poco tiempo? A través de estas dos pinturas recorreremos uno de los periodos más intensos de la trayectoria de Maruja Mallo, desde el Madrid festivo de finales de los años veinte hasta su acercamiento al surrealismo y a la serie Cloacas y campanarios.
Índice

¿Quién fue Maruja Mallo?
Antes de detenernos frente a La verbena y Antro de fósiles, merece la pena conocer a la mujer que los pintó. Maruja Mallo nació en Viveiro, Lugo, en 1902, aunque su formación artística y el comienzo de su carrera estuvieron profundamente ligados a Madrid. Su familia se trasladó a la capital en 1922 y ese mismo año ingresó en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.
Allí coincidió con Salvador Dalí, pero su verdadero ambiente pronto desbordó las aulas de la Academia. Durante los años veinte entró en contacto con algunos de los protagonistas de la Generación del 27, entre ellos Federico García Lorca, Rafael Alberti y Luis Buñuel. Mallo formó así parte de una generación que estaba transformando simultáneamente la literatura, el cine y las artes plásticas españolas.
Maruja Mallo y Las Sinsombrero
También estuvo estrechamente relacionada con las mujeres de la Generación del 27 que posteriormente recibirían el nombre de Las Sinsombrero. Entre ellas encontramos figuras como Concha Méndez, María Zambrano, Rosa Chacel o Margarita Manso. El término, acuñado muchas décadas después, sirve hoy para recuperar a creadoras e intelectuales cuya importancia quedó durante mucho tiempo ensombrecida frente a la de sus compañeros masculinos.
El nombre procede de un episodio protagonizado por Mallo, Margarita Manso, Salvador Dalí y Federico García Lorca. Según recordó posteriormente la propia pintora, los cuatro decidieron quitarse el sombrero mientras atravesaban la Puerta del Sol. Un gesto aparentemente sencillo provocó insultos y una reacción hostil de algunos transeúntes. En el Madrid de los años veinte, prescindir de una prenda asociada a las convenciones sociales podía convertirse también en una pequeña provocación.
Una artista en el Madrid de los años veinte
Este ambiente resulta fundamental para comprender La verbena. Mallo no observaba la modernidad madrileña desde la distancia: participaba activamente en ella. Las fiestas populares, las calles, el deporte, el cine y las nuevas formas de ocio proporcionaron materiales para una pintura que mezclaba tradición y modernidad sin establecer una frontera clara entre ambas.
En 1928 llegó un momento decisivo. José Ortega y Gasset organizó en los salones de la Revista de Occidente la primera exposición individual de Maruja Mallo. Las obras presentadas confirmaban la aparición de una artista con un lenguaje difícil de encajar en las categorías tradicionales. Para entonces ya había pintado La verbena. El mundo luminoso y multitudinario de aquel cuadro estaba a punto, sin embargo, de transformarse profundamente.
La verbena (1927): el Madrid popular de Maruja Mallo
En 1927, Maruja Mallo pintó una de las obras más reconocibles de su primera etapa. La verbena convierte una celebración popular madrileña en una escena desbordante en la que resulta difícil encontrar un lugar donde detener la mirada. Figuras humanas, atracciones, alimentos, objetos y elementos decorativos se acumulan dentro de una composición deliberadamente saturada.
La elección del tema no es casual. Las verbenas formaban parte de la cultura popular de Madrid y reunían en un mismo espacio a personajes procedentes de ambientes muy distintos. Para una generación de artistas interesada en romper la separación entre la cultura considerada elevada y las manifestaciones populares, estos espacios ofrecían un extraordinario campo de experimentación.

Una composición en la que todo parece moverse
Una de las primeras sensaciones que produce La verbena es la ausencia de reposo. La pintura está construida mediante diagonales, curvas y figuras que parecen superponerse unas sobre otras. No existe un único protagonista: el ojo recorre continuamente el lienzo buscando pequeñas escenas dentro de la escena principal.
Mallo utiliza esa acumulación para representar algo más complejo que una fiesta. El Madrid moderno aparece mezclado con elementos tradicionales, barracas y personajes caricaturescos. Lo popular no se presenta como una costumbre pintoresca conservada intacta, sino como una realidad viva que convive con las transformaciones de la ciudad.
Humor, exageración y crítica
Pero La verbena tampoco es una celebración ingenua. Entre la multitud aparecen figuras deformadas, rostros exagerados y situaciones deliberadamente absurdas. El humor permite a la artista observar las convenciones sociales desde cierta distancia y convertir la fiesta en un escenario donde el orden cotidiano parece quedar temporalmente suspendido.
Ese componente resulta especialmente importante para comprender la obra. En una verbena pueden encontrarse simultáneamente tradición y modernidad, solemnidad y ridículo, celebración y sátira. Mallo reúne esos contrastes en un espacio pictórico donde las jerarquías parecen desaparecer durante unas horas.
El color antes de la oscuridad
El carácter festivo se refuerza mediante una paleta intensa. Rojos, amarillos, verdes y azules compiten por atraer nuestra atención y contribuyen a la sensación de movimiento. El color no se limita a describir los objetos: organiza el ritmo visual de una composición que parece incapaz de permanecer quieta.
Precisamente por eso resulta tan sorprendente contemplar después Antro de fósiles. Apenas tres años separan ambas pinturas, pero el mundo de las verbenas prácticamente habrá desaparecido. La multitud, el humor y los colores intensos dejarán paso a tierras oscuras, esqueletos y restos orgánicos. Para entender ese cambio hay que seguir a Mallo fuera de la fiesta y entrar en uno de los momentos más radicales de su pintura.
Del color a Cloacas y campanarios: un cambio radical
Entre La verbena y Antro de fósiles transcurren apenas tres años, pero la transformación de la pintura de Maruja Mallo es enorme. A finales de los años veinte, el universo festivo y colorido de sus primeras obras comenzó a desaparecer. La artista dirigió su atención hacia paisajes degradados, desperdicios, esqueletos, materias orgánicas y objetos abandonados.
Este cambio coincidió con su acercamiento al surrealismo y con un periodo de experimentación que desembocaría en la serie Cloacas y campanarios. Frente al bullicio de las verbenas, Mallo empezó a interesarse por aquello que normalmente quedaba fuera de la representación artística: lo desechado, lo erosionado y lo que permanece después de la destrucción.
La Escuela de Vallecas y un paisaje diferente
En este proceso tuvo especial importancia su relación con Alberto Sánchez y Benjamín Palencia, vinculados a la llamada Escuela de Vallecas. Sus recorridos por los alrededores de Madrid ofrecían una imagen muy distinta de la capital que aparecía en La verbena. En lugar de calles concurridas y celebraciones populares encontramos descampados, tierras áridas, piedras y una naturaleza sometida a procesos de erosión y descomposición.
Estos paisajes periféricos permitían además encontrar belleza en materiales que la tradición artística difícilmente habría considerado dignos de atención. Huesos, cenizas, tierras, fósiles y residuos podían convertirse en protagonistas. No se trataba simplemente de pintar un paisaje diferente, sino de modificar aquello que podía ser considerado materia artística.
Cloacas y campanarios
De estas investigaciones nació Cloacas y campanarios, una de las series fundamentales de su trayectoria. El propio título contiene una oposición significativa: las cloacas pertenecen al subsuelo, a los residuos y a aquello que la ciudad pretende ocultar; los campanarios se elevan, por el contrario, sobre el paisaje y están asociados a una arquitectura cargada de tradición.
La pintura abandona entonces buena parte del cromatismo anterior. Marrones, negros, grises y tonalidades terrosas construyen espacios en los que aparecen huesos, esqueletos y formas orgánicas. La vida multitudinaria de 1927 ha dejado paso a sus restos.
Este cambio no supone, sin embargo, una ruptura absoluta con la artista que había pintado las verbenas. En ambos casos existe una voluntad de mirar hacia espacios que quedaban fuera de la gran tradición académica. Primero fueron las fiestas y diversiones populares; después, los descampados y los residuos. Lo que cambia radicalmente es la forma de representarlos. Y es precisamente en este contexto donde aparece, en 1930, la segunda obra que nos interesa en el Reina Sofía: Antro de fósiles.
Antro de fósiles (1930): el reverso de La verbena
En Antro de fósiles, Maruja Mallo nos sitúa ante un escenario completamente diferente al de 1927. Ya no encontramos multitudes, atracciones ni personajes caricaturescos. El espacio está ocupado por estructuras óseas y formas fosilizadas que parecen surgir de una tierra oscura, mientras una gama reducida de marrones, grises y negros sustituye a los colores intensos de La verbena. La transformación resulta todavía más llamativa si recordamos que entre ambas pinturas solo han transcurrido tres años.
La obra pertenece al universo de Cloacas y campanarios, donde aquello que normalmente se desecha adquiere protagonismo. Los restos ya no aparecen como elementos secundarios de un paisaje, sino que constituyen el propio paisaje. Mallo dirige nuestra atención hacia la materia después de la vida y hacia los procesos de desgaste y descomposición, pero evita construir una escena narrativa convencional que explique qué ha sucedido.

Huesos, fósiles y materia
El título proporciona una primera clave. Un fósil es al mismo tiempo un resto y una huella: algo que pertenece a un organismo desaparecido pero cuya forma ha permanecido inscrita en la materia. Esa tensión entre desaparición y permanencia recorre una pintura en la que resulta difícil establecer una frontera precisa entre hueso, piedra y tierra.
La ausencia de figuras humanas refuerza esa sensación. Frente a la concentración de personajes de La verbena, aquí la presencia del ser humano solo puede intuirse indirectamente a través de un mundo de restos. El paisaje parece haber quedado detenido después de algún proceso de destrucción, y esa ambigüedad permite que los objetos mantengan una apariencia reconocible sin formar una escena completamente realista.
Una pintura cercana al surrealismo
El acercamiento de Mallo al surrealismo no consistió simplemente en adoptar imágenes extrañas o representar sueños. Su pintura comenzó a establecer asociaciones inesperadas entre objetos y materias, convirtiendo elementos cotidianos o despreciados en protagonistas de espacios inquietantes. En Antro de fósiles, lo familiar pierde así parte de su significado habitual.
Esta transformación también conecta su obra con las investigaciones de otros artistas de las vanguardias europeas, interesados en los objetos encontrados, los residuos y las formas naturales. Sin embargo, el paisaje seco de los alrededores de Madrid y la experiencia vinculada a la Escuela de Vallecas proporcionaron a estas investigaciones un contexto propio. El resultado no es una imitación del surrealismo francés, sino una interpretación vinculada al territorio que Mallo estaba recorriendo.
De la fiesta a los restos
Contemplar La verbena y Antro de fósiles juntas permite comprender la magnitud del cambio. En la primera pintura, la acumulación procede de una sociedad que parece producir imágenes sin descanso: personas, puestos, objetos, comida y diversiones llenan prácticamente cada espacio disponible. En la segunda también existe acumulación, pero lo que se amontona son vestigios de aquello que alguna vez estuvo vivo.
Hay, por tanto, una continuidad bajo la aparente ruptura. Maruja Mallo sigue interesándose por aquello que encuentra en los márgenes de la cultura académica, aunque su mirada haya pasado de la celebración popular a los materiales abandonados. Esa capacidad para transformar radicalmente su lenguaje sin perder su interés por lo periférico es una de las razones por las que estas dos obras funcionan tan bien como puerta de entrada a su trayectoria en el Reina Sofía.
Después de Antro de fósiles: la evolución de Maruja Mallo
La oscuridad de Cloacas y campanarios tampoco se convirtió en un punto de llegada. Durante los años treinta, la pintura de Maruja Mallo volvió a transformarse y comenzó a incorporar un interés cada vez mayor por el orden geométrico, las proporciones y las estructuras de la naturaleza. Si en Antro de fósiles observábamos los restos de organismos y materias sometidos a la erosión, en sus trabajos posteriores la naturaleza aparece progresivamente organizada mediante ritmos y relaciones matemáticas.
Esta evolución resulta importante porque evita interpretar La verbena y Antro de fósiles como dos polos que resumen por completo su trayectoria. Son dos momentos extraordinariamente distintos, pero forman parte de una carrera marcada precisamente por la experimentación. Series posteriores como Naturalezas vivas muestran conchas, flores y otros elementos marinos convertidos en construcciones cuidadosamente ordenadas, mientras obras relacionadas con Conchas y caracolas desarrollan ese interés por las formas naturales y su estructura.
Guerra Civil y exilio
La Guerra Civil española interrumpió violentamente este proceso. Cuando comenzó el conflicto en 1936, Mallo se encontraba en Galicia y logró pasar posteriormente a Portugal con la ayuda de Gabriela Mistral. Desde allí viajó a Buenos Aires en 1937, iniciando un largo exilio que la mantendría alejada de España durante décadas.
Argentina se convirtió en uno de los principales escenarios de su carrera. Allí continuó pintando, impartió conferencias, publicó textos y mantuvo contacto con los ambientes culturales latinoamericanos. El exilio no significó, por tanto, el final de su producción artística, aunque sí contribuyó a separarla del relato sobre las vanguardias españolas que se construiría durante la dictadura.

El regreso a España
Mallo regresó definitivamente a España en 1965. El país al que volvía era muy diferente del Madrid en el que había desarrollado su primera carrera, y buena parte de la generación con la que había compartido aquellos años había muerto, permanecía en el exilio o había seguido trayectorias muy distintas. Su nombre tampoco ocupaba entonces el lugar que había tenido en los círculos culturales de los años veinte y treinta.
El reconocimiento fue recuperándose progresivamente durante las décadas siguientes. Hoy su presencia en las colecciones públicas y la recuperación de creadoras vinculadas a Las Sinsombrero permiten situarla nuevamente dentro de la historia de las vanguardias españolas. Las dos pinturas que hemos recorrido muestran precisamente por qué resulta difícil reducir su trabajo a una única etiqueta: entre la fiesta de 1927 y el paisaje de restos de 1930 cabe una transformación artística extraordinaria.
Descubre a Maruja Mallo en el Reina Sofía con The Guides You Need
La verbena y Antro de fósiles cobran una dimensión diferente cuando se contemplan dentro del recorrido del Reina Sofía. Allí podemos relacionarlas con otros artistas de las vanguardias españolas y comprender el contexto en el que una generación transformó profundamente el arte durante las primeras décadas del siglo XX. En The Guides You Need queremos que una visita guiada sirva precisamente para establecer esas conexiones y no simplemente para acumular nombres, fechas y movimientos artísticos.
🎟️ Entrada al Reina Sofía incluida en el precio.
⚡ Compramos las entradas con antelación para facilitar el acceso al museo.
👥 Grupos reducidos de un máximo de 6 personas.
🗣️ Visitas en español e inglés, con francés e italiano bajo petición.
🎨 Guías profesionales que adaptan el recorrido para explicar las obras dentro de su contexto histórico y artístico.
Si quieres comprender por qué en apenas tres años Maruja Mallo pudo pasar del universo festivo de La verbena a la oscuridad de Antro de fósiles, acompáñanos a recorrer el Reina Sofía y a conocer algunas de las obras fundamentales de las vanguardias españolas.


